EL HOGAR

No se ha puesto el sol todavía

y aún no ha empezado la feria

que han montado en la ribera.

Pensé que había perdido

todo mi tiempo y mis monedas;

pero no, hermano mío, algo me resta aún.

La suerte no me lo ha quitado todo.

He acabado mi negocio.

Están hechas las cuentas

y regreso a mi hogar.

¿Qué he de pagarte, guardián?

Tranquilízate, algo me resta aún.

La suerte no me lo ha quitado todo.

Se ha detenido el viento

las nubes oscuras y bajas del crepúsculo

no anuncian nada bueno.

El agua espera callada el vendaval.

Voy a pasar al otro lado del río

pues tengo miedo de que caiga la noche.

¿Me pides el dinero del viaje, barquero?

Sí, hermano mío, algo me resta aún.

La suerte no me lo ha quitado todo.

Un mendigo se ha sentado

a la vera del camino debajo de un árbol.

Me mira esperando con timidez.

Es muy posible que crea que llevo mucho dinero.

Sí, hermano mío, algo me resta aún.

La suerte no me lo ha quitado todo.

Ya ha caído la noche

y se ha desvanecido el camino desierto.

Brillan las luciérnagas en medio de las frondas.

¿Quién me andará siguiendo en silencio,

ocultándose si me vuelvo a mirar?

¿Quieres robarme, verdad?

Pues no te marcharás con las manos vacías,

pues algo me resta aún.

La suerte no me lo ha quitado todo.

Luego, cuando a medianoche llego a mi casa

con la bolsa sin nada,

tú me estas aguardando a la puerta,

con un mirar ansioso,

insomne y silenciosa; y te echas en mi regazo

como un tímido pájaro, llena de amor.

Sí, sí, ¡Dios mío! ¡Cuánto me resta aún!

¡La suerte no me lo ha quitado todo!

Rabindranath Tagore.

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